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‘Trabajar Como un Negro’ o la Lucha Contra el Lenguaje Racista

Negro, mono, grone, groncho, negrada, cabeza, zambo… En América Latina y El Caribe viven entre 130 y 150 millones de personas afrodescendientes. Y están cansadas del estigma y del racismo. La comunidad afrouruguaya ha lanzado una campaña para borrar el racismo del lenguaje.

Por: Paco Gómez Nadal

lenguaje-racista-uruguay“Un día negro”, “lo puso negro”, “trabajé como un negro”, “eres una bestia negra”… Negro como adjetivo imperativamente negativo, negro como insulto. Negro. Negro. Nigérrimo. O negro como orgullo. Negro como categoría social y comunitaria, no racial. Negro como digna afirmación frente al colonialismo y su “concepto racial”.

Y los negros y las negras, la afrodiáspora americana, está cansada de aguantar la discriminación, la estigmatización burda. Hay muchos frentes de lucha, en Brasil, en Colombia, en Honduras o en Dominicana… y uno de ellos es el del lenguaje. Por eso, la Casa de la Cultura Afrouruguaya ha lanzado una campaña global para que la autodenominada Real Academia de la Lengua Española elimine de su compendio semántico expresiones como “trabajar como un negro”. Lo hace con el nombre Borremos el Racismo del Lenguaje y puedes firmar para colaborar en ella.

La campaña se centra en esa expresión, pero bien podría extender la lista. En las acepciones básicas del diccionario de la Real Academia tiene múltiples acepciones para la palabra ‘negro’, pero se podrían destacar algunas ‘perlas’: “adj. Clandestino, ilegal. Dinero negro”; “adj. Dicho de ciertos ritos y actividades: Que invocan la ayuda o la presencia del demonio o del poder maligno. Magia, misa negra”; “adj. Muy sucio”; “adj. Dicho de la novela o del cine: Que se desarrolla en un ambiente criminal y violento”: “adj. Infeliz, infausto y desventurado”; “f. coloq. Mala suerte. Pobre chico, tiene la negra”; “loc. adv. coloq. En negro. Sin regularizar, fuera de la ley”… Por si faltaba algo, las expresiones compuestas con el adjetivo no ponen las cosas mejor: “No somos negros: para reprender a quien trata a otros desconsiderada y ásperamente; “Estar, o ponerse negro un asunto: Tener, o tomar, mal cariz”; “Poner a alguien negro: Irritarlo mucho”; “Sacar lo que el negro del sermón: Sacar poco provecho de escuchar o leer algo que no se entiende; “Merienda de negros: Confusión y desorden en que nadie se entiende”; “Sangre negra: sangre venosa”; “Bestia negra: Persona que concita particular rechazo o animadversión por parte de alguien”. Y por último, y para regresar a la campaña: “Trabajar más que un negro, o como un negro: Trabajar mucho”.

Pero… por qué esta forma de marcar todo lo negativo con el adjetivo ‘negro’. No es casual. Los enemigos de las revisiones del lenguaje dirán que es ser demasiados puntillistas con la historia y sus herencias. Las personas que estudian los efectos de la colonialidad del saber -del poder- nos explican que este lenguaje racista es consecuencia directa de una colonización realizada por “hombre europeo / capitalista / militar / cristiano / patriarcal / blanco / heterosexual” [R. Grosfoguel] y eso marcó las jerarquías que hasta el día de hoy han primado en América Latina y El Caribe y los colectivos objetos de discriminación: negros, indígenas, mujeres, gays, lesbianas, ateos, anticapitalistas…

Los pueblos afrodescendientes, al igual que los indígenas, sufren entonces una exclusión política (marginados de los espacios donde se toman las decisiones), social (estigmatizados y segregados racialmente), y conceptual (porque su saber, su hacer y sus capacidades son negadas de forma sistemática). Y en esto el lenguaje tiene un papel clave.

Los imaginarios euroocidentales para la afrodiáspora -que repiten con gusto los medios de comunicación- se limitan a dos tópicos patéticos: el de virilidad cargada de kriptonita atribuida a los hombres afrodescendientes a los que sólo se les da valor por su capacidad atlética en las canchas deportivas o en las camas; y el del morbo cuasi pornográfico del sexo multirracial, del ‘ebony sex’., para las mujeres. Y una concesión extra: cantan bien y son buenos músicos. Ahi se acabó. Escribe la socióloga negra Betty Ruth Lozano Lerma: “La identidad de las mujeres negras ha sido fijada desde el imaginario racista dominante que las homogeniza, con atributos que son producto del prejuicio racial y que solo existen en la mente de quienes así las conciben: un cuerpo para el sexo, más cerca de la animalidad que de la razón. Un cuerpo que fue útero reproductor, fábrica de esclavos, objeto de uso y abuso para el placer de otros (…)”.

Y es que el crimen de lesa humanidad de la esclavización en la empresa colonial –aún no reconocido por sus victimarios- sólo tenía un objetivo: obtener como mano de obra gratuita, primero, y muy barata después. Una vez acabada esta gran operación global de explotación y saqueo, las poblaciones de la afrodiáspora (se calcula que al menos 15 millones de Africanos fueron ‘arrancados’ de sus territorios y esclavizados en Latinoamérica y El Caribe) ya no son de utilidad. Por tanto, se las invisibiliza y se deja que persistan los tópicos racistas. El lenguaje, una vez más, es herramienta clave de este mecanismo tan colonial hoy como en el siglo XVIII.

La socióloga francesa Colette Guillaumin nos recuerda que “la raza científicamente no existe”, pero negar la implantación del concepto racial sería reconocer que “produce muertos”. “Produce muertos y continua asegurando el armazón de los sistemas feroces de dominación. […] Es un medio de racionalizar y de organizar la violencia asesina y la dominación de los grupos sociales poderosos sobre otros grupos sociales reducidos a la impotencia”.

Uruguay, ¿país negro?

La invisibilidad impuesta por el colonialismo interno y externo hace que la mayoría de las personas no asocien a Uruguay con los afrodescendientes pero esta comunidad supone algo más de un 9% de la población de ese país, con 280.000 personas (según el censo de 2006).

En el video oficial de la campaña Borremos el Racismo del Lenguaje aparecen afrouruguayxs destacadxs y personajes solidarios con su causa. En la larga lista figuranl os músicos Ruben Rada, Gonzalo Brown, Chole o Julieta Rada, escritores y académicos como Carlos Maggi, Ana Ribeiro, Jorge Burel o Miguel Ángel Duarte, Edgardo Ortuño (Presidente de la Casa de la Cultura Afrouruguaya, cargos públicos relacionados con la afrodiáspora, como Alicia Esquivel o Beatriz Santos, actrices como Gabriela OIribarren o deportistas, como Deborah Rodríguez o Washington Abreu.

Edgardo Ortuño, señaló que Uruguay “debe asumir la presencia de pautas de discriminación racial entre nosotros para su superación”. Por eso, la campaña “propone cuestionar dos pilares fundamentales de las discriminación racial: la reproducción de un lenguaje de discriminación y la existencia de conceptos que asocian a la población negra al trabajo más duro, descalificante, poco valorado y que hacen referencia a un pasado de sometimiento que no queremos que se repita”,

La campaña de la Casa de la Cultura Afrouruguaya muestra a una comunidad negra vibrante, digna, en lucha.

Fuente: OtraAmérica

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