2 millones de niños y niñas son víctima de trabajo infantil por la industria de chocolate en Ghana y Costa de Marfil.

Por: Jhon Edward Angulo (San Marino)


 

Dicen que contiene entre otros beneficios, alto contenido antioxidante y ha sido siempre el mejor detalle si de conquista se trata. No podemos negar que el chocolate es realmente delicioso. Sin embargo, ¿Cuántas veces nos hemos detenido a pensar en el origen de esa pieza de chocolate que estamos saboreando? Menos del 1% de los consumidores de este alimento hemos realizado este ejercicio y si, deberíamos hacerlo ya que detrás de cada barra de chocolate que disfrutamos hay un complejo flagelo que afecta la vida de millones de niños en todo el mundo, especialmente en países de África Occidental.

Ghana y Costa de Marfil son los mayores productores de chocolate en el mundo con una participación del 70% del mercado. Proveen cacao a las principales marcas; las plantaciones en estos países africanos albergan 2 millones de niños y niñas que son expuestos a condiciones laborales que no son aptas para la niñez y que por el contrario, vulneran todos los derechos de los niños y niñas.

Imaginen un niño o niña de 5 años trabajando entre 12 y 15 horas diarias, haciendo múltiples esfuerzos corporales, no asistiendo a la escuela, no teniendo un entorno familiar protector, en general, no teniendo espacio para el desarrollo integral. En esas condiciones viven millones de niños y niñas, la que se ha convertido en una gran preocupación que ha venido tomando lugar en las estrategia para la erradicación del trabajo infantil en diversas organizaciones de la sociedad civil, como en el objetivo de periodistas e investigadores que le hacen un llamado a los gobiernos y a los estados para que diseñen políticas públicas para eliminar cualquier forma de trabajo infantil y priorizar buena calidad de la educación, el desarrollo y el acompañamiento a las familias. Estos esfuerzos han permitido algunas victorias pero aún falta mucho por hacer.

Las principales marcas y empresas productoras de chocolate como Nestlé, Mars, Ferrero, Hershey y muchas otras, son conscientes de esta situación pero más allá de pequeñas acciones, no han hecho un trabajo que realmente elimine de su cadena de producción el trabajo infantil.

La falta de voluntad de las compañías radica en que al eliminar el trabajo infantil deben aumentar el costo de producción al contratar mano de obra adulta calificada que no está dispuesta a trabajar por más de 12 horas por 2 euros al día. Las familias que lo hacen viven en condiciones de pobreza extrema y se ven obligados a poner a trabajar a sus hijos para compensar la baja paga que reciben por el trabajo.

Según un estudio de la Universidad Tulane de Nueva Orleans en Costa de Marfil entre 2009 y 2014 el trabajo infantil entorno al chocolate aumento 59%, una cifra realmente preocupante.

Los consumidores tenemos una gran responsabilidad y jugamos un papel muy importante en la reducción de la cifra de niños y niñas que son esclavizados en la industria del chocolate. Por un lado, debemos ser muy críticos y abstenernos de consumir marcas que propicien el trabajo y la esclavitud infantil, y por otro lado, debemos exigirle a los Estados obligar a las marcas a garantizar que sus productos son libres de trabajo y esclavitud infantil y, a reportar en su ficha técnica el origen de su materia prima.

Ahora, antes de disfrutar una barra de chocolate asegúrese de que no provenga de plantaciones donde se explota a menores de edad.

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